Textos sobre educación:

“Ser o no ser” (De Lola Poveda)

La introducción con la que el Ministerio de Educación de Canadá presenta su programa de expresión dramática, se expresa así: La intervención de expresión dramática en la escuela elemental no cambia ni las estructuras existentes ni los contenidos de los programas, ni la utilización del tiempo, ni cualquier otra forma de iniciativa pedagógica tomada por el profesor.

La expresión dramática no es una nueva materia; es solamente un nuevo instrumento al servicio de los profesores y de los alumnos para responder a las necesidades de la situación pedagógica.

La expresión dramática es encontrada espontáneamente por el niño que se descubre y descubre el mundo. Es por esta razón por la que tiene, en la clase, un lugar privilegiado.

Natural, viva, ejercita y desarrolla todos los elementos de la personalidad del niño.

Práctica y económica, no exige al profesor ni una larga formación, ni una abundante documentación, sino un espíritu abierto, creativo, atento al niño, pronto a inventar las respuestas a las situaciones pedagógicas que se le presentan.

En este sentido podemos decir que la expresión verbal, el razonamiento lógico, la sensibilización estética, el dominio corporal, el equilibrio anímico, la integración social y tantas otras realidades del proceso educativo no son las mismas después que el niño ha trabajado con la opción de la expresión dramática, que tiene algo de danza, de música, de movimiento, de armonía física, de plástica, etc.

En relación con el ritmo está el interés y la concentración del niño en el trabajo. También en esto en teatro tiene mucho que decir. La actividad expresiva en el teatro exige la utilización de los recursos verbales y gestuales precios. Es en la divagación donde cae el interés. Para lograr una continuidad es necesario tener ejercitados los mecanismos que permitan ” el máximo rendimiento con el mínimo de esfuerzo”, mecanismos entre los que se encuentra por ejemplo el control respiratorio y de equilibrio. Otro recurso para la concentración y el interés es el silencio que condensa la acción, la delimita y ayuda a percibirla en profundidad. También en la escuela es necesario valorar el silencio y cuidar los espacios vacíos, que pueden ser espacios abiertos a la contemplación de la naturaleza cuando la escuela está radicada en el campo como propone Faure.